Ayer en Madrid se produjo uno de esos sucesos que, más allá de sus consecuencias directas, hacen pensar en cómo son las cosas pero sobretodo, en cómo se cuentan.
Allí estaba prevista una manifestación por parte de un grupo juvenil considerado de extrema derecha, el ala joven del partido Democracia Nacional. No seré yo quien comparta opinión con ningún miembro de la extrema política española – de un lado o de otro- pero guste o no es el precio de la democracia y de la tan aclamada libertad de expresión, todos tienen derecho a manifestarse y no debería existir manifestaciones ilegales, aunque si manifestaciones controladas.
Los incidentes se producen cuando se enfrentan los opuestos políticos, pues son tan condenables las posibles intenciones de la extrema derecha allí reunida como la de los miembros de extrema izquierda que fueron a su paso.
Ahora paso a preguntarme, ¿por qué todos o al menos la mayoría de los medios de comunicación resaltan el incidente de ayer como un acto de la extrema derecha española? ¿Acaso no fue una auténtica batalla campal con dos bandos enfrentados? O incluso se podría pedir explicaciones a algún comunicador preguntándole ¿es bueno el extremismo cuando es de izquierdas?
La sociedad española debe ser lo suficientemente madura como para comprobar de una vez por todas que no hay políticas malas, sino extremismos malos. Es la extrema derecha la que provoca el rechazo a las políticas de derechas, carentes en muchos aspectos pero necesaria en otros. Lo mismo sucede con las políticas de izquierdas, totalmente necesarias pero que para su desgracia no carecen de grupos extremistas. Son estos grupos a los que se debe repudiar mientras no respeten la libertad a manifestar o a tener una opinión diferente a la suya, no a ningún partido político sea de la índole que sea, más teniendo en cuenta los tiempos que nos toca vivir. Las políticas de izquierda ya no existen, pero tampoco las de derechas, el centrismo es la política actual y del futuro.

No hay comentarios:
Publicar un comentario